Alta tensión

Escrito por A.B. Zamora el 09 de diciembre del 2011. Archivado en Ligas españolas

Alta tensión

Nos aproximamos a uno de los clásicos ligueros más decisivos de los últimos tiempos, tal vez y si el Barsa no lo remedia, el punto y final a la liga por adelantado. Puede parecer una reflexión sobredimensionada, pero los números del Real Madrid son los que son y no dejan lugar a dudas.

Los blancos llevan quince partidos sin perder, igualando así su record histórico. Su estado de ánimo es proporcional a su número de victorias y su fútbol es de lo más exquisito que se puede degustar hoy en día. Su juego es directo, vivo, letal, no precisa de una excesiva elaboración para achicar a su rival, si bien es cierto que últimamente no son indiferentes a una mayor confección de la jugada, tal vez su secreto resida en este aspecto, la metamorfosis de su juego según convenga.

El partido se juega en el Bernabéu, con lo que esto conlleva y es que las grandes batallas, siempre han sido más llevaderas en terreno propio que en el ajeno. En liza hay más que tres puntos en juego, el madridismo no olvida sus derrotas, tiene ánimo de revancha, la historia reciente es muy cruel en este sentido. El Madrid ni puede ni debe consentir que se vuelva a profanar su estadio con un fútbol que no es el suyo.

A su favor posee la fuerza y el empuje que confiere el deseo de victoria. El fervor de una afición que tiene fe ciega en su escuadra y la seguridad que le otorga el saberse superior en su carrera hacia el título.

Sin embargo el Barsa, llega en un estado de sosiego inquietante, sus números fuera de casa no invitan al optimismo. La euforia y el ímpetu de tiempos pasados se han sustituido por el narcisismo del presente. Los azulgrana hace tiempo que alcanzaron el nirvana y ahí seguirán hasta que no se demuestre lo contrario. Se acercan a ese punto de inflexión en el que el despertar puede resultar doloroso.

El Barsa irá al Bernabéu a dejar huella, nadie duda como afrontará el partido Guardiola. Saldrán a hechizar al rival, a hacer invisible el esférico a ojos del enemigo, a presionar en ataque para no sufrir en la retaguardia, lo de siempre, pero con un matiz, la velocidad.

Velocidad, velocidad y velocidad, ese es el secreto. Si el Barcelona no es capaz de imprimir rapidez física y mental a cada una de las facetas del juego, sufrirá, será previsible y por lo tanto vulnerable, no hay piedad en el Bernabéu.

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